Racing levanta el trofeo de la Copa Sudamericana.
El 23 de noviembre de 2024 es una fecha que quedará grabada en el hincha de Racing, pero antes de repasar lo ocurrido aquel día, vamos a ver lo que pasaba unos años más atrás. El 23 de noviembre de 2022, lo encontraba a Racing campeón, un par de semanas antes había ganado el Trofeo de Campeones tras una final con Boca Juniors, pero fue un título con sabor a poco, apenas festejado, pues a fines de octubre ese mismo equipo había dejado escapar un campeonato de una manera inexplicable y esa herida estaba abierta. Un par de meses más tarde arrancó bien el 2023, con otro título de copa doméstica sobre el Xeneize. Sin embargo es un año para el olvido, el equipo de Fernando Gago no hizo pie durante todo el año, una mala liga, eliminación en Copa Argentina con Huracán, y eliminado de Libertadores por penales, con la bronca de saber que con muy poquito más se podría haber llegado a semifinales. El 23 de noviembre de 2023 lo veíamos a Racing en medio de una crisis futbolística, con un interinato al mando del equipo y un plantel que necesitaba un fuerte recambio.
Pese a haber sumado títulos, el 2022 y 2023 fueron años de frustraciones para la Academia. Había que modificar mucho para 2024 y las energías cambiaron completamente con la llegada de un viejo conocido: Gustavo Costas. El ídolo inició su tercer ciclo como entrenador de Racing y en su llegada dejó bien en claro cuál era su propósito: dejar de competir y empezar a ganar. Racing necesitaba ganar y a nivel internacional. El objetivo era claro desde un inicio. La mira de Gustavo siempre apuntó al 23 de noviembre.
Renovación grande del plantel, nuevas caras que se fueron adaptando y metiendo en el corazón del hincha. Andar irregular en los torneos locales, pero con firmeza en la Copa Sudamericana desde la primera etapa. Con comodidad se ganó la fase de grupos con cinco victorias, las tres de local por goleada. Con autoridad se impuso sobre Huachipato en los octavos de final, triunfo de visitante y la mayor goleada del certamen en el Cilindro, 8 a 1 global contra los chilenos.
En cuartos tocó el Athletico Paranaense, equipo fuerte en los torneos internacionales de los últimos años, que ya había levantado la Sudamericana dos veces y jugado una final de Libertadores dos años atrás. Se sufrió en el partido de ida disputado en el césped sintético del estadio Arena da baixada de Curitiba y los de Costas vieron su última derrota en la copa. Obligación de darlo vuelta en el Cilindro una semana más tarde. Y allí fue cuando este equipo hizo un click, fue un partido bisagra para la Academia, que sin titubear dio vuelta una serie que se planteaba compleja en los papeles. Rápidamente igualó el global con el gol tempranero de Almendra, y no tardó mucho en pasar al frente. Luego sumó una goleada más en casa y no dejó dudas, ganó, gustó, goleó y varios jugadores mostraron puntos muy altos a nivel individual, se había encontrado el equipo, se empezaba a ver la doble cara académica, una que a veces dejaba dudas en el plano local, pero otra que era voraz cuando jugaba por la copa.
Costas les había inyectado el gen racinguista y los jugadores estaban convencidos y salían a la cancha a defender a muerte la celeste y blanca, como lo haría cada uno de los hinchas. Un equipo que sabía muy bien lo que quería, decidido a ir por ello, sin importar que adelante haya un rival con muchos más millones.
El 23 de noviembre era el objetivo, y para llegar a ese día faltaba un escollo más, el Corinthians de Ramón Díaz en semifinales. Un equipo con un gran plantel pero que no estaba con un buen presente antes de la llegada de Ramón. Fiel a su estilo, el riojano calentó la previa y mostró su confianza de cara a las semifinales. En Brasil fue una batalla, partido intenso desde el primer minuto, al igual que las fuertes lluvias. El primer gol fue rápido, pero el empate de los brasileños no tardó en llegar, a los once minutos ya estaban 1 a 1. Partido lento con mucha agua en el campo de juego, muy disputado, con chances para los dos equipos, y fueron los de blanco y negro los que volvieron a lastimar en el primer tiempo. Al descanso un gol abajo. En el complemento los de Costas lo fueron a buscar, nada de conformarse con volver de São Paulo con una derrota por la mínima. El uruguayo Gastón Martirena se lució con una jugada individual impresionante, recibió en mitad de cancha, tiró un caño, avanzaba con pelota dominada bajo la lluvia, dejaba rivales en el camino hasta que conectó con Almendra que se la devolvió rápido, el charrúa sacó el fierrazo desde afuera del área y la puso contra el palo derecho del arquero de Corinthians. Un golazo para ver una y otra vez.
La vuelta en Avellaneda fue siete días después. El ambiente en el estadio era especial ya desde las horas previas, la gente llegaba convencida de que iba a ser un día especial, de que aquella noche se conseguía el pase a la final, que la Academia sacaría pasajes a Asunción para el 23 de noviembre. Todo empezó torcido, los paulistas anotaron en los primeros minutos de juego. Arias fue clave para evitar el 2 a 0 que podría haber sido lapidario, y poco después llegó la igualdad gracias al penal de Juanfer. Avivada en un lateral, corrida del colombiano y doblete, Racing 2 a 1 y con la ventaja necesaria para acceder a la final. Los de Costas lo pudieron sostener y luego de 32 años la Academia volvía a una final internacional. Había una cita en Paraguay el 23 de noviembre.
Lo que pasó después era de esperarse, los hinchas de Racing somos distintos, no cualquiera llena dos canchas, no cualquiera copa un país de la forma que lo hizo la Academia. No había paraguayo que hinchara por Cruzeiro, la locura racinguista había enamorado al pueblo guaraní que brindaba todo su apoyo a los muchachos de Costas. Miles de hinchas invadieron Asunción, autos, micros, aviones, de todas formas llegaban los académicos luciendo sus colores. Pero no era ir a ver una final, todos iban a ganar una final, porque Gustavo ya lo había dicho a principio de año, no se iba a competir, se iba a ganar, y todos estabamos convencidos de eso, a Cruzeiro le íbamos a ganar, íbamos a salir campeones.
Y llegó ese tan esperado 23 de noviembre de 2024, la espera fue muy larga, y también lo fue ya dentro de la Nueva Olla, la multitud racinguista ingresó muy temprano al estadio y la fiesta en las tribunas se desató desde cuatro horas antes del inicio de la final. Para el momento del pitazo inicial, cada hincha ya había transpirado y dejado la piel en las tribunas como lo hicieron los jugadores en el césped. El calor de Asunción era impresionante, agobiante, pero las ganas de festejar eran mayores.
Arrancó el partido y Racing fue una tromba, desde el vamos los de Costas marcaron la cancha e impusieron condiciones, salieron a comerse al rival y fue un dominio total de los de celeste y blanco. El primer gol fue anulado, festejo trunco para Martirena que no tuvo que esperar para tener revancha y convirtió el 1 a 0, tercera fase consecutiva con gol del uruguayo. El goleador de la copa se hizo presente cinco minutos más tarde y Racing ganaba 2 a 0 a los veinte minutos con el gol de Maravilla. Cruzeiro no participaba. Era todo de la Academia. El elenco brasileño recién fue parte del partido en el segundo tiempo, a Racing le costó sostener esa intensidad del primer tiempo con tanto calor, y bajó un poco el ritmo en el complemento. Sin un gran juego, Cruzeiro logró el descuento a los 52 minutos y cambió el partido. Se emparejó y logicamente los de azul fueron a buscar la igualdad, pero Racing lo defendió bien y generaba peligro con los contraataques. Se sufrió más de lo debido, el partido era para más de un gol de diferencia y recién se pudo plasmar en el marcador en el tiempo de descuento. Todos esperando el pitazo final para gritar campeón de una vez por todas, pero Roger Martínez había ingresado para dejar su huella, una corrida espectacular del colombiano y una gran definición para el tercero de Racing y que explote el estadio con el grito de gol, el grito de campeón. El gol de Roger era el final, sellaba el triunfo, aseguraba el título, era el final de una larga espera para Racing que no ganaba un torneo internacional desde 1988. La emoción de Costas era la de cada uno de los hinchas que estaba en las tribunas llorando, abrazando al familiar, amigo o desconocido que tenía al lado. Todos festejando, todos juntos. Así nos quería Gustavo desde el día uno, así se dejó de competir, así se ganó hace un año.