Por Nicolás Fresco (nmfresco@gmail.com)
Fecha 16 del Torneo Apertura 2026. Racing se jugaba de local ante Barracas la primera de las dos finales de la fase clasificatoria a los playoffs del torneo. Concentración, corazón caliente y sangre fría para sacar adelante uno de esos duelos molestos, pero muy importantes. Con esas premisas parecía que salían los once de Gustavos Costas al Cilindro.
Sin embargo, algo parece no cerrar en esta Academia 2026. ¿Por qué Adrián Toto Fernández aplica un codazo a un rival a los dos minutos de partido? Más allá del grave error del volante, hay una situación enrarecida, un clima adverso en el cual el equipo de Costas no puede salir. Los múltiples perdones, la supuesta falta de actitud, los insólitos errores no forzados y ahora esta roja inexplicable, que se suma a la de Marcos Rojo con River y a la de Matko Miljevic frente a Independiente Rivadavia, encuadran un primer trimestre del año por demás complicado y de autoflagelación.
Un corazón que no alcanzó
Pese a estar en desventaja numérica, los de Costas pusieron muchísima actitud y jugaron el mejor primer tiempo del presente torneo. Con empuje -fútbol no le sobra para nada- y pelea en todos los sectores del campo, arrinconó a Barracas hasta ponerse en ventaja con un lindo cabezazo de Matías Zaracho. Segundo gol consecutivo para el nacido en el Predio Tita Mattiussi. Si bien, aún sigue bajo futbolísticamente, esto puede ser un aliciente para recuperar al que alguna vez fue.
Pero jugar con diez todo el partido es demasiado y más para un equipo tan limitado como el actual de Avellaneda. Es cierto que en frente tenía un rival bastante pobre también, pero esta vez Racing no pecó por sus horrores defensivos y su falta de inteligencia para controlar el resultado. La visita llegó al empate porque encontró un rebote y punto. No más que eso. El local intentó volver a buscar la ventaja, pero ya no tenía forma y, al final, la igualdad fue justa.
Ezequiel Cannavo volvió a ser figura, Santiago Sosa de líbero gusta más, Bruno Zuculini hizo un partido correcto y Adrián Maravilla Martínez luchó, como casi siempre, muy solo. Miljevic sigue sin dar soluciones y en la tribuna la gente ya le perdió la paciencia.
Durante el partido se escuchó el viejo grito de guerra “aunque ganes o pierdas no me importa una mierda…” y otra del aguante de la década del 90 que decía “hay una banda que es distinta, no es igual a las demás…”. Además, al final del partido, se cantó en contra de la comisión. Pareciera que los fantasmas de épocas pasadas estuvieran con ganas de volver…