El primer grande


#UnaEstatatuaParaMilito

Idolo de Racing, a tiro de título, los fanas piensan en darle un lugar para siempre a Milito.

Los hinchas le prenden velas a Milito. (@DenisBevilacqua)

 Un monumento. A su grandeza. A su vuelta en vigencia. A su prioridad deportiva por sobre lo económico. A la decisión de honrar sus raíces. A su respuesta positiva al mandato del corazón. A su jerarquía. A su apetito de gloria pese a todo lo que cosechó en una carrera exitosísima. A la mística que le dio al equipo. A su excelencia. Un monumento para Diego Alberto Milito.

Eso quieren los hinchas. Esa intención ya reflejan en el hashtag de Twitter #UnaEstatuaParaMilito. Eso planean como muestra del agradecimiento más profundo hacia el ídolo. Un ídolo en serio de Racing. Ese campeonato ya lo conquistó, pase lo que pase en la última fecha del torneo. La gente ya no se conforma con el “Miliiito, Miliiito” de ovación. Van por más Ya le tiene Mostaza Merlo bajo una de las tribunas del Cilindro. A su lado, la de Juan José Pizzuti, el último en obtener dos títulos con la Academia (en el 58 y 61). Y se vendrá la tercera escultura si el anhelo de los hinchas se cristaliza con hechos. Hechos, precisamente, son los que producen amores extremos. Llegan a un punto máximo. Son incondicionales. Se forjan cuando se pasa una frontera, cuando se atraviesan hechos más fuertes que lo ponen en esa categoría. A partir de eso, los corazones se flechan para siempre. Es una unión sellada a partir de actos que tallan la memoria. Eso pasa entre Racing y Milito.

En su afán indestructible de medir sus palabras, el Príncipe suele decir que “todavía no hemos ganado nada” en su regreso a Racing. Y tiene razón. Pero en absoluto corre peligro el reconocimiento a su actitud de volver al club cuando muchos ni siquiera pensaron -ni piensan- hacerlo. Diego retornó con una reserva de funciones futbolísticas para brindar. Con ganas de disfrutar plenamente en el último tramo de su carrera, perseguidor del sueño de llevar al club a lo más alto, como en 2001. Tras conseguir la gloria se fue a Europa y ahora, diez años después, con 35, la ve palpable de nuevo. Los hinchas se emocionan con él. Lloran de felicidad con sus gritos. Les hizo creer que se puede dar otra vuelta olímpica. Les manda mensajes de que la coronación es posible. Lo hace con su juego y goles.

“Racing es mi vida. Es todo. No puedo pedir nada más”, dijo el Príncipe hace poco. Y sí, Racing es su vida. Por eso rechazó ofertas millonarias para seguir jugando en Italia, China, Qatar o Estados Unidos. Por eso aceptó cobrar incluso menos de lo que percibieron jugadores de segunda línea de Racing. “Estoy muy feliz, contento, disfrutando de este momento. Estamos muy cerca de lograr algo que para nosotros realmente es un sueño. Veremos si seremos capaces de terminar de la mejor manera el campeonato. No me quiero adelantar, pero estoy viviendo un momento espectacular, falta un paso más”, fue cauto -, como siempre- Diego. En el marco de la mesura, de todos modos, celebra el crecimiento del equipo. Principalmente, en la personalidad: “Este equipo tiene madurez, se repuso de momentos complicados después de perder con Independiente y Lanús. También quedamos afuera de la Copa Argentina (tras caer contra Argentinos). Fueron situaciones difíciles. Me saco el sombrero por este grupo que dio pasos muy grandes hacia adelante y se mata en cada pelota”.

Un 10. Ese puntaje Olé se llevó Milito en el 3-0 contra Central, con esa habilidad para hacer casi todo bien con y sin pelota. La velocidad mental con que resuelve fácil, el ojo fino para poner un gran pase (como el que le colocó a Videla antes del primer gol) o la calidad en la definición en sus dos tantos (lleva seis en el torneo). Su presencia, excelsa, absorbe las presiones. En él y en Saja descansa el equipo. Hay hinchas que quieren una estatua de bronce para Milito, otros que lleve su nombre alguna tribuna o lugar del predio Tita Mattiussi. Hizo méritos. Y esto va mucho más allá de que, ante Godoy Cruz, pueda o no pegar el grito tan esperado.

YO DIGO

Flavio Nardini (cineasta, ex dirigente): «Mostaza fue un pionero»

«Debo admitir que el primer semestre de Mostaza, en 2001, me generó rechazó por la manera en que jugaba el equipo. Merlo dirigió una formación que evitó la Promoción, pero el estilo no nos daba optimismo. Incluso, cuando se presentó la nueva camiseta para el Apertura 2001, con un grupo de hinchas fuimos al acto y hasta silbamos a Mostaza. Pero a medida que aquel torneo fue avanzando, Merlo nos fue tapando la boca. La movida surgió como un canto de tribuna y luego, cuando se concretó el título, asumimos la promesa. Así 40 hinchas juntamos el dinero en plena época de corralito y el escultor Daniel Zimmermann creó la obra. Mostaza se prendió con gusto y la presentación de la estatua, en abril de 2002, en un atelier de Villa Devoto, fue un suceso. En enero de 2009, cuando estuve a cargo del área de Cultura del club, la primera medida fue llevarla al Recinto de Honor, una reivindicación para los hinchas, ya que el gerenciador Marín se había negado a autorizar la instalación en ese lugar. Ojalá Milito tenga pronto la suya».

Fuente: Olé

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