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Sí-lindro

Centurión y Bou quieren "quedar en la historia grande" y serán acompañados por más de 50.000 almas.

Compinches a partir de sus fuertes historias de vida, Centurión y Bou quieren «quedar en la historia grande» y serán acompañados por más de 50.000 almas. Racing vibra y depende de sí mismo para dar la vuelta.

Ya firmaron varios autógrafos. Ya accedieron a fotografías. Ya tuvieron en sus manos camisetas que demandaron rúbricas. Ya quedaron como faros en medio de los hinchas que se abalanzaron sobre ellos. Pasaron, una vez más, por el ritual de cada una de las últimas semanas en Racing. Y ahí aparecen, solos, los dos juntos. Ricardo Centurión se le acerca a su compañero y le dice algo al oído. Gustavo Bou, pícaro también, sonríe. En un gesto de adhesión al hashtag #RacingPositivo que copó el Twitter en los últimos meses, transforman sus pulgares en la onda positiva. Y empiezan a hablar con el idioma que no necesita palabra alguna: las miradas. Mágicas miradas.

Hay química entre los dos, como dice el tema de Banda de Turistas. Se reflejan entre ellos. Hay un pasado de lucha, de momentos adversos, que los une. Conocen de canchitas de tierra, de sacrificios, de orígenes con carencias, de remarla. Como todo lo que cuesta vale más, por estas horas se sienten en estado de trance ante la chance de ser campeones. “Por todo lo que vivimos, nos merecemos lo máximo”, coinciden, a coro. Lo que vivieron fueron momentos duros en la vida. “Los dos pasamos cosas similares. Eso hizo que nos apegáramos tanto y nos hiciéramos muy compinches, como se dice en mi barrio. Somos compinches, estamos mucho tiempo juntos. Siempre tratamos de cagarnos de risa, de estar bien, de mejorar lo que necesitamos en el juego”, cuenta la Pantera. Hoy, más que nunca, se acuerdan de la época de vacas flacas. De cuando Gustavo, por ejemplo, de purrete ayudaba a su papá con tareas de albañilería. O de los días de profunda angustia que casi lo llevaron a dejar el fútbol: “Cuando murió mi mamá de cáncer, pensé en largar todo. Pero no lo hice porque ella me había pedido que siguiera jugando”. También evoca los tiempos más recientes en que se lo cuestionó con dureza incluso antes de que debutara en Racing por haber llegado de la mano de Bragarnik, el representante de Cocca. “Me dolió lo que se habló porque sé muy bien el esfuerzo que hago. Mi familia escuchaba todo eso y le dolía. Al principio eso me daba tristeza. Les expliqué que esto es fútbol y que siempre hablarán bien o mal, a veces con o sin razón. Yo tenía que estar bien de la cabeza, oír lo que me hacía bien, no lo negativo”. Ahora es todo positivo para este delantero que, goleador del equipo con 10 tantos (se encuentra a uno de los máximos artilleros), esta noche será observado desde la platea por su numerosa familia (tiene ocho hermanos) que llegó a Buenos Aires en dos combis desde Nebel, su barrio de Concordia, Entre Ríos. Ricky se forjó en los torneos ásperos de Villa Luján, donde “la primera patada te la daban en el pecho”. En esa fábrica de atrevidos aprendió a no temerle a nada dentro de una cancha. “Nunca le voy a tener miedo a una patada”, cuenta Centu, familiero como Bou: “Mi vieja – revela el volante- es de Racing desde siempre. Tiene un tatuaje del escudo de Racing en su espalda. Y mi abuela”. Así como la Pantera perdió a su mamá, Centu sufrió lo propio con su padre. Otro punto fuerte en común. El punta le tira una pared a Ricky: “Siempre lo admiré como jugador. Disfruto mucho de estar con él, es una gran persona, lo aprovecho. Siempre le digo que cuente conmigo para lo que necesite”. Ricardo le devuelve la pelota, bien redondita. “Gustavo -valora- es un excelente compañero. Se está firmando una amistad, espero que siga después de esto. Es un pibe bárbaro, que siempre la luchó desde que llegó. Es un gran jugador, con sus goles nos dio la chance de estar donde estamos.

-¿Qué significaría para ustedes ganar el título?

-B: Algo único. En lo primero que pensaría si lo conseguimos sería en mi mamá. También a mis hermanos, mi señora y mi hijo que está en camino. Laburé mucho para esto, siempre con la humildad.

-C: Significaría todo. Uno se pone a pensar en lo que pasó, todo lo que la remó. Los dos nos contamos nuestras historias y no nos equivocamos en lo que elegimos para darle un bienestar a nuestra familia. Hoy, estar a un paso de la gloria, nos hace soñar.

Fuente: Olé

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