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«Una vida más sana que esta, imposible»

Tras una etapa difícil por su adicción, Brian Fernández dice que en Francia encontró la calma: "Encendí una luz en la oscuridad".

Brian Fernández está a préstamo en el Metz de Francia.
Brian Fernández está a préstamo en el Metz de Francia.

Los seis grados de temperatura lo hacen tiritar a las 11 de la noche, en el exterior de su casa en el barrio privado que habita. Atiende el celular y se dirige hacia afuera. Desafía al clima. “Estoy muerto de frío, temblando, es terrible. No doy más, je”, le cuenta a este periodista. Pese a la incomodidad, decide mantener el diálogo sin entrar a su hogar “para tener mejor señal en el celular”. Será que Brian Fernández enfrentó tantas veces la hostilidad del frío que ya no lo afecta tanto… Lo conoce de una época, de su época, en la que ese era el menor de los males. Una minucia al lado del hambre, de la angustia, de las monedas que valían oro, del puchero al que veía como caviar. El perfume francés, el glamour y las apenas tres horas que lo separan de Paris no le provocan amnesia contra del pasado. Mientras busca con ansiedad la titularidad que aún no pudo tener en el Metz (último y en zona de descenso), al mismo tiempo disfruta de la vida del primer mundo. Y sin olvidarse del otro mundo, de aquel de miserias cuando era un pibito. También del más cercano, que lo puso de rodillas con adicciones. Y goza del actual. Como nadie. “Es hermoso vivir en Metz, nada que ver a Argentina. Estoy muy tranquilo, es otro mundo. Cada país tiene cosas distintas. No sé cómo describirlo, es Europa esto, primer mundo. Están todos más adelantados que nosotros, obviamente. Eso está claro, je. Llevo tres meses acá y en ese sentido ya no me dan ganas de irme. Es así. Me gusta más esto que Argentina, pero a mí país igual no lo cambio”, le cuenta a Olé el delantero de 23 años, a préstamo hasta junio próximo y con la mitad de su pase en poder de Racing.

– Ahora estás en Europa, ¿pero cómo la pasaste en la infancia?

– Jamás pensé estar en Francia, cerca de Alemania, a 10 o 15 minutos de otros países. Esto es lo mejor que me pasó en la vida. Antes no tenía nada, no podía ni tomarme un colectivo. Y hoy puedo pagarme un pasaje en avión las veces que quiera. Esto que me pasa hoy es lo más hermoso que hay.

– ¿Cuál fue la peor etapa que recordás?

– Mi viejo era taxista y mi vieja era cocinera en un hospital. Vvíamos en Yapeyú (barrio de Santa Fe). Después, él no trabajó más y ella tampoco. Nosotros pasábamos hambre, es la realidad. Nos criábamos a té y mate cocido, con algunas tortas fritas. No tenía para comer. Al día de hoy, le suele pasar eso a mucha gente, alguna cercana a mi familia. Yo trato de ayudar. Porque a nosotros también nos ayudaron cuando lo necesitamos.

– ¿Cómo ayudás?

– Me acuerdo que antes salía a pedirle pan a los vecinos. Y hoy, cuando voy a Argentina y algunos siguen ahí en mal estado, los ayudo. Porque a mi me daba para comer.

– ¿Trabajaste antes ser futbolista?

– A las 6 de la mañana me iba al centro con gente que vivía a dos cuadras de mi casa. Me subía al carrito, que era llevado por un caballo, y vendía verdura. Hay mucha gente que opina sin saber lo que uno vivió. Por ahí, cuando uno se saca una foto en un restaurante, piensan que soy rico. Y no es así.

– ¿Ahora dónde vive tu familia?

– Mi mamá, gracias a Dios, tiene una casita en Florencio Varela. Se la compré yo, como también ayudo a mis cuatro hermanos (Leandro, Juan Cruz y Tomás). A Nico le regalé un autito. Le había prometido eso para el día que hiciera su primer gol en la Primera de Defensa y Justicia: y le metió uno a San Lorenzo, je. Mi hermanito Juan Cruz (en la Reserva) me mandó un mensaje diciendo que no quiere andar más en colectivo, je. Tomás está en Inferiores y la rompe.

– ¿El tiempo curó algo de tu herida por la muerte de uno de tus hermanos?

– Murió en 2012 (se suicidó), a los 18 años. Me pone mal hablar de eso. Nos dejó cartas donde escribió que le hubiera gustado ser feliz como nosotros, jugar al fútbol, tener una mujer, una novia…

– ¿Cómo es vivir lejos de tu hija?

– La extraño, más vale. Se quedó con su mamá, en Florencio Varela. Hablo siempre con la nena, ya puedo tener una charla con ella.

– ¿Cuánto necesitabas cambiar de aire en tu pelea contra las adicciones?

– Lo necesitaba bastante. Es un aprendizaje muy lindo. Al estar solo, uno piensa, recapacita. La vida es esta, no como la que tenía antes. Es entrenarme, volver a mi casa, comer y dormir. Cuando pueda iré a París, a Alemania, a Luxemburgo, a Bélgica, adónde sea… Vida más sana que ésta, imposible. Es la mejor. Ojalá me sirva mucho y cuando vuelva a Argentina viva como acá: es un espectáculo. Encendí una luz en la oscuridad.

– ¿En qué zona vivís?

– En un barrio privado. A las 8 de la noche ya están todos durmiendo. Estamos comiendo a las 7 ó 7.30 de la tarde. Después no sé qué hacer. Le pedí a Araceli (su novia) que empezara a cocinar un poco más tarde. Si no, llegan las 12 de la noche y ando dando vueltas. Me agarra hambre de nuevo, je. Miramos muchas películas. Primero estuve un mes y medio en un hotel porque faltaba que mandaran unos papeles de Argentina y estaba inhablitado. Me iba a correr solo. Yo mismo me preparaba algunos trabajos.

– ¿Y cómo hacés con el idioma?

– Se me complica para comprar algo. Me fastidio porque no entiendo mucho. Bah, nada. Más o menos puedo preguntar algo. Pero me cuesta, no sé decir las cosas perfecto. A veces prefiero no decir nada. Lo único que hago es ir del entrenamiento a mi casa y al revés. Y salgo a pasear con el perrito a la plaza.

– ¿Te lo llevaste de Buenos Aires?

– No. Se me dio por tener uno, pasé por una veterinaria y me lo compré, je. Es un Shar-Pei. A Noico lo tengo acá, al lado mío.

– ¿Cómo es el juego allá?

– Es muy fuerte, hay mucha clase. Pero el fútbol argentino es lo más. Yo estoy ansioso. El técnico que estaba antes no me daba la oportunidad. Yo demostraba en los entrenamientos, me fastidiaba porque no me ponía. No hay uno que se entrene como yo. Después de cada trabajo con el grupo, me quedo haciendo cosas por mi cuenta aunque esté cansado. Hasta mis compañeros me preguntan por qué no me da la chance a mí; rotan casi todos menos yo. Desde que estoy no jugué un solo partido de titular (siete desde el banco). Quiero la chance, sé que la voy a aprovechar. ¡Eso me tiene con bronca!

– ¿Te arrepentiste de ir al Metz?

– Y, me da mucha bronca. Lo hablo con mi novia y mis hermanos, Leandro y Nicolás… A los dos les va muy bien, están metiendo goles. Yo apenas puedo entrar diez minutos o cinco. A veces el equipo va perdiendo 3-0 ó 5-0 y no puedo hacer nada cuando entro. Algunas veces pienso en volver a Argentina para, al menos, estar con toda mi gente. Acá llego a mi casa sin ganas de nada. Como y me voy a dormir.

– ¿Cómo te convencen de que sigas allá?

– La familia me dice que tenga paciencia. Esperé mucho para jugar (lo suspendieron por doping). Y cuando volví, la rompí. El día que me toque volver a ser titular, la voy a romper. Después de estar parado un año y medio, cuando jugué con Independiente, hice un gol en cinco minutos…

Fuente: Olé

Por Nicolás Montala

Racing Club – El Primer Grande

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