El primer grande


Todo Pasión

Así es un día de clásico barrial, en la casa del vecino y con Racing puntero.

Todo comenzó temprano, en un sábado diferente, disfrutando de mis cuatro días de
vacaciones, en lugar de estar dirigiéndome al trabajo, cómo sucedería habitualmente.
Dormí mal, no sé si por la ansiedad del partido o por la desconocida cama del hotel, pero
mal.

Pasado el desayuno, y mientras el establecimiento me facilitaba cuatro bicicletas para dar
un paseo con mí familia, intentaba confirmar la formación inicial de la academia con el
teléfono.

Más tarde, haciendo compras en un centro comercial, ya que el día no ayudaba para nadar
en la pileta, comenzaba a imaginar el banderazo en el Savoy, y como estarían los jugadores
en la víspera del encuentro.

¿Así todo el día? Me pregunta mi esposa, como si no supiera la respuesta, y yo, yendo y
viniendo, intentando saber y no saber, apagando y prendiendo el celu, entrando y saliendo
de la cuenta de instagram de “El primer grande”…

Y después de un largo día, faltan solo diez minutos para el comienzo del partido, poco,
nada. Me imagino a la “Caravana racinguista”, mis amigos de cada fecha, reunidos frente al
televisor expectantes y sólo falto yo, pero sé que estoy…

Pienso en mí vieja buscando alguna ocupación que dure dos horas, para no seguir el
enfrentamiento en la pantalla ni en la radio, o mí hermana, luchando para que mis sobrinas
la dejen “pispear” lo que está pasando, o también a mí tía, acompañada de su perro
“moralito”, callado acompañante de audiciones. En fin, una familia entera detrás de ésta
pasión.

Suben las pulsaciones, el match comienza, gol tempranero…El flaco! En contra! Que
importa! Es uno a cero y a cobrar. Cuánto falta! 86 minutos!…
El encuentro transcurre tranquilo, mejor Racing, hasta que Arias, empieza a ser figura, se
empareja…

De repente, me encuentro escuchando la radio en medio de una cancha de golf, en plena
oscuridad, no se cuanto llevo caminando, voy y vengo, dibujo una línea recta de por lo
menos doscientos metros, un reflector a lo lejos pretende ayudarme a descifrar dónde
estoy, pero es en vano. Pasa un rato, y mientras espero el entretiempo, nadie escucha mí
insulto por el empate parcial.

En marcha el segundo período, otra vez marcamos rápido, de penal, el “licha” (Gracias por
tanto!), Y a sufrir otra vez, no tanto por el juego, aunque el rojo aprieta, sino por la
costumbre. Hoy no hay tanto juego como contra el Tomba, pero sobra actitud y se pelea
cada pelota como se debe, como un clásico.

El tiempo no pasa, ya caminé kilómetros, y cuando urgía el final, llega el desahogo, “licha”
gigante, Zaracho la termina, grito el gol, solo, lo grito otra vez buscando un cómplice,
retumba mi voz, se propaga en el silencio del lugar, me abrazo solo aunque parezca
imposible, levanto los brazos y saludo a mí abuelo, el transmisor de éste sentimiento,
victoria, liderazgo, un paso menos!

Vuelvo a la habitación, hablo sin cesar, busco declaraciones de los protagonistas, imágenes
que complementen mí locura. Mis hijas y mí esposa me miran raro, pero luego entienden,
me conocen, es el comienzo de una gran semana…

 

Por Ariel Gutiérrez

 

Racing Club – El Primer Grande

www.elprimergrande.com

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