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«Quiero hacerles más goles y que queden afuera»

Carlos Núñez ya castigó dos veces a Independiente jugando para Liverpool. Y va por la tercera... "Estos clásicos tienen un plus".

El ururguayo sueña con tener una oportunidad de entrada tras la expulsión de Milito. (Foto Olé)

La mimosa se está portando bien, la cuidé mucho, je”. La mimosa es la rodilla derecha, a la que le habla como si pudiera escucharlo antes de iniciar el diálogo con Olé . Sentado en el Recinto de Honor del club, la señala con una mano, la mira unos segundos, sonríe, piensa cómo cambió su cabeza luego de la rotura del ligamento cruzado anterior. Vuela al pasado. Al cercano, el del sufrimiento durante su lesión (fueron siete meses de recuperación), y a otro más lejano… A una semana de la primera gran final en el clásico de Avellaneda, por la Liguilla pre-Libertadores, a Carlos Núñez se le enciende la voz. Si bien aún no sabe si jugará de arranque el domingo, hay un recuerdo que lo endulza. Y entusiasma. “A Independiente lo enfrenté con Liverpool (de Uruguay) en dos oportunidades, por la Sudamericana (en 2012, por octavos de final). Perdimos 2-1 en cancha de Independiente y 2-1 en el Centenario, pero les hice dos goles. Obviamente que me encantaría jugar de nuevo contra ellos, quiero meterles más goles y que queden afuera de la Libertadores”, cuenta el uruguayo, pocos días después de firmar la renovación de su préstamo hasta diciembre de 2016.

-¿Te imaginás cómo titular en el clásico?

-Uno siempre quiere jugar, más en este tipo de partidos, contra el rival de todas las horas. Tendré que esperar esta semana para saberlo. Habrá que trabajar duro, nos espera un partido difícil de visitantes, ante un buen equipo. Nosotros confiamos en lo nuestro y lo principal es que todos estemos concentrados, entrenando al máximo para ajustar los detalles mínimos. Estos clásicos tienen un plus que marca mucho a los jugadores.

-¿Que definan en el Cilindro les da tranquilidad?

-Será muy importante jugar el último clásico en casa. Si sacamos un buen resultado en la cancha de ellos, en nuestro estadio las cosas se pueden hacer más fáciles para conseguir nuestra clasificación a la Copa. Es por lo que luchamos todo el año.

-¿No entrar opacaría la buena campaña?

-Por todo lo que hicimos en el año, sería muy injusto no lograrlo. Pero bueno, en el fútbol las cosas se consiguen, no se merecen. Nadie nos regaló ni va a regalar nada. Nos queda el último esfuerzo, al equipo lo veo muy bien, unido. Así se consiguen grandes cosas.

-¿Cómo afrontaste el proceso sin poder jugar?

-En momentos así pensás muchas cosas, lo fundamental es estar bien de la cabeza, tomarlo con calma. Cuando se cumplieron dos meses me bajoneé porque todavía me dolía la rodilla y me sentía incómodo para hacer cualquier ejercicio. De chiquito siempre soñé con jugar en grandes equipos. Y que me haya pasado esto, fue muy duro. Después hablé con Diego (Milito), que tuvo la misma lesión, y me dijo que me quedara tranquilo, que era algo normal, que hoy la recuperación es más fácil que antes.

-¿Qué efecto causó en vos lo que te dijo Milito?

-Me generó calma. Hasta ahí hacía todo a mil, y a partir de sus palabras bajé un poco las revoluciones. Entendí que era normal. También me dijo que en el regreso tendría que ir de a poco. Hay que escuchar todo lo que venga de alguien como él, después quedará en uno aplicarlo o no. Yo lo aplico siempre, mal no me fue.

-¿Se te hizo más larga de lo previsto la espera?

-Tener que trabajar todos los días sabiendo que al fin de semana siguiente no vas a jugar, es muy feo. Ni en las prácticas de fútbol podés estar. Pero más allá de que fue una etapa dura, me sirvió mucho para aprender. La lesión me marcó mucho.

-¿Qué te enseñó?

-A valorar muchas cosas a las que no le daba importancia. Antes, cuando el Profe me pedía que hiciera diez piques, yo pensaba: ‘Uh’, en el tramo de mi lesión había dado cualquier cosa por hacer 20 piques, no diez. Y hoy en día lo hago con placer. A veces, a mi edad (23 años), creemos que sabemos todo y en realidad no sabemos nada… Lo que me pasó me ayudó a ver las cosas con más claridad.

-Maduraste, parece.

-Sí. A veces, hoy veo a algunos pibes a los que los mandan a correr dos vueltas de más y se quejan. Yo a los tres meses de mi recuperación daba todo por caminar por lo menos con normalidad. Las cosas te pasan por algo. A mí me ayudó mucho para fortalecerme.

-¿En algún momento temiste no volver a jugar?

-Soy un pibe que, de chiquito, siempre saqué las cosas adelante con sacrificio. A la adversidad siempre le gané con la frente en alto, poniéndoles la cara a los problemas. Nunca me rendí. Esto fue una prueba que me puso el fútbol, y pude superarla. Paso a paso, gracias a Dios, va quedando atrás.

-Hablás de sacrificios que hiciste. ¿Cómo cuáles?

-De todo un poco. Estoy orgulloso de los padres que tengo, somos ocho hermanos pero nunca dejaron que en mi casa faltara nada. Siempre tuvimos nuestras cosas para el estudio, un plato de comida todos los días. A los 11 años empecé a darles una mano a mis padres laburando con ellos, iba a recoger las frutas de las quintas. También trabajé con mi viejo en una carpintería hasta los 17 años. La tengo bastante clara con eso, je. Durante mi lesión, cuando estaba solo en mi casa, pensaba mucho en mi familia. Porque sabía que si yo estaba bien, ellos también.

-¿De qué manera te fueron acompañando?

-Cuando podían, venían a visitarme. No siempre porque mi vieja se tenia que quedar a cuidar a mis hermanos más chicos. Y yo ya soy grande. Siempre traté de mostrarles buena cara, cuando en realidad no me sentía bien. Pasé muchos ratos en mi casa llorando, pero a mi viejo le decía que estaba bien. Trataba de transmitirles tranquilidad para que no se pusieran nerviosos. Mis hermanos chicos necesitan que mis papás estén bien. Lo supe llevar, estoy orgulloso de mí mismo.

-¿En los momentos de soledad te maquinaba mucho la cabeza?

-Eso me pasaba. Cuando estás acompañado, te distraés. Hasta tomando mates te olvidás un poco. Pensaba en el sacrificio que me costó llegar hasta donde estoy hoy. Nadie me regaló nada. Le estoy agradecido a mi representante (Gustavo Santorini), que fue como un padre para mí. Le tengo mucho aprecio: le puedo contar cualquier cosa a cualquier hora. Es muy valorable.

-¿Cuántas veces viste el gol que hiciste con el ligamento cruzado roto a Huracán, el 11 de abril?

-Siempre, je. Cada vez que viene algún amigo a mi casa, se lo muestro. Me generó mucho ese gol, me emocionó por cómo salí de la cancha. Me gusta ver la jugada, me hace pensar que si pude hacer eso lesionado, por qué no repetirlo estando bien. Disfruto de todos los entrenamientos, de mis compañeros, de mi familia…

-En otra nota a Olé contaste que fuiste mucho al psicólogo para mejorar cuestiones. ¿Seguís yendo?

-Cuando voy a Uruguay siempre lo visito. Y en el plantel tenemos a Gustavo (Goñi), una persona magnífica que está dispuesta a escucharnos a cualquier hora. Hicimos una linda amistad y puedo contarle cosas que a otros no. Sabe comprenderme. Te saca adelante.

-Con Tigre, en tu segundo partido tras volver ante Crucero del Norte, desperdiciaste un mano a mano. ¿Te reprochaste mucho esa jugada?

-No me quedé pensando en eso, sino en la próxima jugada. Porque me tengo confianza, no me bajoneo.

Fuente: Olé.

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