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Milito: «Jamás pensé que cumpliría 200 partidos en el club que amo»

Cuenta qué siente. "Orgullo, emoción". Dice que aún tiene que "pensar" sobre si retiro. Repasa su carrera: lo mejor, lo peor, los goles, el 22.

Milito posa en las tribunas del Cilindro con la camiseta en homenaje a sus 200 partidos. (Foto Clarín)

«¿Y esto qué es?», dice Diego Milito apenas ve que Clarín le entrega una camiseta de Racing con el número 200 en la espalda. Los bastones celestes y blancos están minados de firmas académicas. Aparece un corazón sincero dibujado por Lara, un simple gracias firmado por Florian, de apenas 5 años, un no te vayas nunca de Mario y cientos de garabatos más. Hay sorpresa en el rostro del Príncipe, que esta noche cumplirá 200 partidos en el club. La camiseta que el ídolo mira con una sonrisa es un regalo de los hinchas. «Esta vez, la gente te firma autógrafos a vos», le aclara un periodista. «Gracias, muchas gracias», afirma mientras lee las dedicatorias. «Tenela así no la pierdo», le pide el capitán a un colaborador. Y entrega la remera.

La nota con Milito, esta vez, arranca distinta. La ocasión lo requiere. Su esposa lo espera para almorzar, pero él, inmutable, se sienta en una de las butacas del Cilindro para observar pasar un cacho grande de su carrera. «Son muchos años; me da orgullo, emoción. Debería agradecerle a tanta gente. Miro un poco para atrás y no lo puedo creer: jamás pensé que cumpliría 200 partidos en el club que amo», dice un nostálgico Milito.

-En todos estos años, ¿viviste más momentos buenos que malos?

-Acá las pasé todas. Tuve momentos muy lindos, como los dos campeonatos; partidos buenísimos, como cuando le hice dos goles a Boca en el Clausura 2002, o el día que nos aseguramos el último título con Rosario Central, en el Gigante de Arroyito. Pero también tuve partidos malos, y fueron muchos, eh. Recuerdo particularmente uno contra Lanús en el Cilindro. Fue un empate 1-1 un viernes por la noche. Yo erré un penal y Pepe Chatruc otro. Ese día no me salió nada.

-Te costó afianzarte al principio de tu carrera y ahora sos ídolo. ¿Ese camino te describe como futbolista?

-Puede ser. Mi carrera fue de menor a mayor. Yo no exploté como las joyas que lo hacen a los 20 años. Recién a esa edad debuté y me vendieron a los 24. Fui madurando poco a poco. Nunca bajé los brazos. Creo que llegué hasta acá gracias al trabajo diario y a la mentalidad que tengo. Por suerte la gente siempre me apoyó y me hizo sentir su cariño. Lo que pasó el otro día con Crucero del Norte fue muy emotivo, porque además del reconocimiento de la gente pude dedicarle un gol a mi mujer, que está embarazada. Fue de lo más emocionante que me tocó vivir acá. Me pasó algo similar cuando debuté contra Unión (11-12-99) o la vez que me tocó entrar a la cancha afiebrado y pude hacerle el gol del empate a Colón, en Santa Fe, en el 2001. Con ese punto nos salvamos de la Promoción.

-En el partido contra Crucero del Norte generaste una locura en la gente que te ovacionó en el minuto 22. ¿Cómo es que lograste tamaña asociación con ese número?

-La historia del 22 es bastante llamativa. Cuando firmé en el Zaragoza, los únicos números que quedaban libres eran el 2 -que es para un defensor- y el 22. Así que no me quedó otra opción que el segundo. Ese año me fue bien y me compraron. Seguí tres temporadas con el número. Después me fui al Genoa de Italia y la 22 estaba libre. También hice goles. Y cuando llegué a Inter pasó algo curioso…

-¿Estaba ocupado el 22?

-Sí, pero lo loco es que cuando me llamó Mourinho para felicitarme porque se había cerrado el pase, me preguntó: «Diego, ¿vas a querer la 22, no? Un poco como diciéndome: «Si me decís que no, te mato». Entonces, fue a buscar al tercer arquero, Pablo Orlandioni, que tenía el número, y le dijo: «Necesito pedirte un favor y me tenés que decir que sí». Así arrancó mi historia con Mou.

-¿La 22 va a seguir siendo tuya por seis meses más? ¿O estás más cerca de volver a ser niñero full time?

-Niñero ya soy, ja. Pero no quiero desviarme del objetivo. Tengo el apoyo total de mis compañeros y de la dirigencia para seguir. Aunque todavía necesito saber si tengo la energía, la fortaleza física y mental necesarias para seguir dándole cosas a Racing. Tengo que estar al 100 para continuar.

-¿No se te ocurre tirarte a chanta?

-No es mi esencia, no podría. Yo no puedo no entrenar un par de días y después pedir jugar el domingo. Me pierdo un entrenamiento y me voy llorando a mi casa. No me sale decir: «Hoy no entreno porque me duele la rodilla». Hago ejercicios diferentes. Pero entreno.

-¿No te da miedo exigirte de más y que en el retiro el cuerpo empiece a pasarte factura?

-Muchos me dicen que me cuide de los pinchazos. Yo los escucho, pero no puedo parar, no puedo. Quiero jugar todos los partidos que pueda, estar disponible para el técnico, para el grupo. Igual, lo tengo que pensar aún: estirarla por estirarla no tiene sentido.

Corre Milito para bajar las escalera del Cilindro: en la casa lo espera el almuerzo. Los periodistas miran como ese pedazo de historia reciente se aleja jovial con una camiseta en la mano. «Muchas gracias por esto», dice Milito sin girar la cabeza y levantando la mano derecha que sostiene la camiseta del 200.

Fuente: Clarín.

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