El primer grande


«Me volví a sentir un pendejo»

El subcapitán se sacó el serio traje de referente y le contó a Olé todo lo que vivió en los festejos: “Me volví solo por la 9 de Julio mirando camisetas de Racing”

Saja, el arquero campeón que se volvió a sentir un pibe. (foto: Olé)

El subcapitán se sacó el serio traje de referente y le contó a Olé todo lo que vivió en los festejos: “Me volví solo por la 9 de Julio mirando camisetas de Racing”, reconoció.

La mochila está ahí, en un rincón, apartada. Después de más de tres años y medio sobre el lomo, Saja se permitió apoyarla en el piso. Su espalda se relaja, sus pulmones se inflan y, al menos por unas horas, vuelve a ser Sebastián a secas, el que casi nunca se permite ser en Racing y al que es imposible ver de las puertas del vestuario para afuera. Por su rol de líder, su obsesiva responsabilidad en el trabajo y su obligación de predicar con los hechos, el arquero mostró una imagen tan seria y cauta que generó el respeto de todos. Pocos, dicen, son los que se le animaron a hacerle un chiste. Pero con el título bajo el brazo, el Chino se abrió como nunca en este mano a mano con Olé . Al subcapitán, a menos de una semana de haber cumplido su último gran sueño, todavía se le eriza la piel cuando revive algunos detalles íntimos de la celebración del equipo. “Todos los que estamos en Racing fuimos tan cautos que en el vestuario ni siquiera había champagne. Queríamos agitar una botella y no pudimos. Brindamos con agua y gaseosa, pero valía la pena. El cotillón, en todo caso, fue todo lo que se vivió afuera”, contó el Chino, el fiel ladero de Diego Milito, el subcapitán que ya quedó en la historia grande de la Academia.

-¿Aflojaste un poco, al menos en los festejos?
-Soy un tipo bastante serio, pero siempre hay algún lugar para una cargada. Por mi responsabilidad trato de ser un poco más tranquilo que los demás, pero hay bromas. Soy víctima de muchas. Lo tomo con humor y por momentos trato de relajarme. Tomarme tan responsablemente mi trabajo hace que parezca serio. Los chicos me respetan muchísimo.

-¿Quién se anima a cargarte?
Son pocos…

-Ezequiel (Videla) y Diego (Milito) me vuelven loco con la edad. Me dicen que se me está cayendo el pelo y que jugué en la década del 90. Milito me dice “eso es de tu época” y yo le digo que es un caradura, que apenas es una semana más chico que yo.

-¿Te rejuvenece haber logrado esto con Racing?
-Sin dudas. Haber sido campeón me hace sentir más joven. Me da fuerzas, energías… En el micro descapotable, en el Obelisco, volví a ser un pendejo de 18 años, con esa alegría que uno tiene cuando es chico. Después vienen las responsabilidades, exigencias, presiones y a veces uno no tiene el tiempo para darse esa felicidad. Me hizo muy bien sentirlo. Es algo de lo que no me voy a olvidar.

-¿Tu familia cómo está?
-Mateo (el hijo más fanático) no cae, estuvo desde el domingo hasta el martes con la misma remera puesta, la de Racing. No se cambió. Mi mujer me dijo “hacelo bañar a este chico porque hace 48 horas que no se cambia la ropa, hoy se levantó con la remera de Racing, no se la sacó”. Mi hijo no cae, está en otra dimensión, disfrutando… Verle la cara de felicidad a él es mi premio máximo… Por eso digo que este título es especial: lo disfruté con la familia, que es algo que no me había pasado. Cuando llegué a Racing, Mateo tenía cuatro años y percibió todo como el papá. Me llena de orgullo que pueda ir al colegio a decir que Racing es campeón.

Los recuerdos son muchos y variados. Además de su entorno íntimo, familia y compañeros, Saja también disfrutó la noche post campeonato con los hinchas. Más allá de una ínfima minoría que se animó a colgarle una bandera en contra, el grueso de la gente siempre lo bancó y él, claro, lo sabe.

-¿Imaginabas tanta gente a las 3 de la mañana?
-No. Había visto festejos de muchos equipos y no recuerdo tanta gente en el Obelisco. Verlo desde arriba fue impresionante. Terminamos de cenar a las cinco y media de la mañana y aún había gente. Me dieron ganas de bajar a festejar a mí también.

-¿Cómo fue la vuelta a casa ese domingo?
-Salimos del restaurant con mi familia y agarramos todo 9 de Julio con el auto, desde Santa Fe hasta San Juan. Ya amaneciendo, volviendo solo mirando las camisetas de Racing… En las paradas, muchachos sentados en el boulevard, otros yendo derecho a trabajar un lunes sin dormir. Cruzar esa avenida con el Obelisco de fondo es una imagen que no me voy a olvidar, todas las paradas, fue algo muy lindo.

-¿Cómo decidieron ir al Obelisco? No todos van...
-La gente se comportó de diez. Nos dejaron dar la vuelta olímpica, levantar el trofeo. Hasta pude conservar la camiseta con la que salí campeón… Cómo no íbamos a ir al Obelisco a estar con ellos. Entre todos lo decidimos. Cuando cruzamos el Puente Pueyrredón y vimos que los hinchas se bajaban de los autos para caminar al lado nuestro fue emocionante.

-La llegada no fue fácil.

-La Polícia vio una marea de gente sobre la 9 de Julio y por eso decidió desviarnos por Independencia. La orden era ir al Obelisco y luego a la cena, que era en Callao y Santa Fe. Pero tanta era la gente que nos llevaron por Entre Ríos hasta Callao para evitar el Obelisco; ahí nos plantamos y empezamos a golpear el micro. “Queremos ir. Retomen por Corrientes”. La Policía no podía acompañarnos y decidimos seguir solos.

-¿Cómo fue el momento apenas pitó el árbitro?
-En muy pocos segundos se me vino a la mente un resumen de estos tres años y medio. Muchísima lucha, sacrifico, trabajo, momentos vividos. Esos segundos en que uno es campeón se da cuenta de que valió la pena tanto esfuerzo para poder vivir esta alegría y poder sentir un Racing campeón.

-Ya nos confirmaste que no te movés de Racing.

-Y no. Si me voy me matan todos. La familia, mis compañeros… Lo más importante son los míos. Yo no tomo decisiones a la ligera, soy un tipo muy estructurado, que piensa muy bien las cosas. Pero no creo que sea cuestión de meditarlo, todo mi entorno me mata, ja. Diego ya dijo que me cuelga del mástil y uno no quiere morir colgado. Habrá nuevos desafíos, nuevos objetivos, que son mucho más grandes y serán muy lindos vivirlos con la camiseta de Racing.

-¿El abrazo con Videla resume todo?
-Ma abracé primero con él porque pasó un semestre anterior muy duro y su corazón fue el motor del equipo. Gaby (Hauche), Diego (Milito) y Luli (Aued) que somos los que más conocemos Racing sabemos que no fue fácil, que fue un desahogo grande.

Fuente: Olé

Racing Club – El Primer Grande
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