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La historia de Oscar

Romero estuvo 8 meses en las inferiores Xeneizes y 8 años después volvió al país para triunfar en la Academia.

Oscar Romero hizo el segundo gol ante Independiente. (Foto: Gustavo Castaing)

Oscar Romero se quedó hasta tarde mirando la serie de Pablo Escobar, es la tercera vez que ve la primera temporada. Su novia Yanina, a decir verdad, ya está un poco cansada de ver siempre lo mismo, pero esta vez no le recrimina nada porque el muchacho está dolorido recostado en su dormitorio. Tanto que tiene una bolsa de hielo en su tobillo derecho, que está hinchado por la torcedura que sufrió en el clásico de Avellaneda. Lesionado y todo, el paraguayo metió el 2 a 0 con un zurdazo que quedará para siempre clavado en la historia porque Racing llevaba 14 años sin ganarle a Independiente en su cancha.

El día después de Romerito transcurre en Puerto Madero con una parsimonia exasperante. Es muy distinto al de cualquier laburante normal. Hace reposo y escucha música, apenas si por la tarde hace un poco de kinesiología, a la espera de los estudios que le harían hoy por la tarde para comprobar el grado de la lesión. Por ahora, es una entorsis. Tampoco puede salir a comprarse esas viseras que le gustan tanto. El sol incinera y el héroe guaraní prefiere no andar renqueando por ahí. Entonces, refugiado en su departamento se queda hablando por teléfono.

Habla con su mamá María Lucía Villamayor. Le cuenta que en el momento del gol ni podía moverse, que pateó por instinto, unos segundos después de haber pedido el cambio porque no daba más. Luego saluda a sus dos abuelas Dora y Margarita, que lo escuchan con atención. El nieto les revela que en la arenga de Saja y Milito vio compañeros llorando en el vestuario. También charla con su hermano mellizo, Angel. Y ahí se dispara un recuerdo. El día que se fueron a probar a Boca y quedaron…

Esta joyita de Racing jugó 8 meses en las Inferiores del xeneize, pero debió volverse a Asunción porque no lo pudieron fichar en la AFA. Ese problema de papeles le relegó su sueño, pero 8 años después volvió al país para triunfar.

“Nuestros viejos estaban separados y no nos pudieron fichar, hubo un problema de papeleo. Nos ofrecieron jugar en la Liga, pero no quisimos y nos fuimos”, le contó su hermano Angel a Clarín. Parecía que el destino de Oscar estaba escrito para ser exitoso con la celeste y blanca. Ahora, la familia de Romero se está acostumbró a recibir noticias buenas de este talentoso. Aunque hay algo que a la distancia no pueden entender allá en Fernando de la Mora, a las afueras de Asunción. ¿Por qué estaba tan feliz Oscar?

En estas tierras, podría explicar el enganche, el fútbol se vive con una pasión que retumba los estadios, que golpetea los escalones, que lanza papelitos al aire. Ganar un clásico en la casa del vecino con un gol histórico. ¿En guaraní? “Petei gol penemanduatava araka’ eve”. Es histórico, también, porque Racing había perdido los últimos 7 partidos en el Libertadores de América. Es histórico porque hasta el domingo, La Academia sólo había ganado allí 3 veces en los últimos 22 años: 3 a 1 por la Copa Centenario del 93, el 3 a 1 del Apertura 98, recordado en parte por el corte de luz, y el 1 a 0 del 2001, con un gol de penal del Chanchi Estévez. Con este puñado de antecedentes, es lógica esta alegría racinguista.

Esta realidad con futuro perfecto por la que atraviesa el enganche de Racing se explica por una circunstancia bastante sencilla. Romero jugó de enganche como tanto le gusta. La ausencia de Milito (expulsado), hizo que Cocca replanteará el esquema y le diera la responsabilidad a Romero de ser el enlace, a pesar de que se especulaba con que Pavone iba a acompañar a Bou. Al final, no hay mal que por bien no venga. Romero jugó suelto, flotó detrás de Ortiz y del Torito Rodríguez y 43 minutos le bastaron para dejar su sello en el clásico barrial.

Su gol ya es parte de la mitología del fútbol nuestro porque son contados los casos de los que vulneran un arco estando lesionados. Y es leyenda por la carga simbólica que significó ese mazazo para Independiente, en un duelo mano a mano. Pero la serie aún no se cerró. “Nos juramentamos ganar la serie, este grupo se propuso tratar de terminar con esa historia”. ¿Estará para la revancha? Eso dependerá de si se recupera de la lesión y del técnico. Tal vez Cocca elija un esquema conservador. Y con el regreso de Milito prescinda de Romero. No se exaspera el paraguayo. Y sigue mirando El Patrón del Mal. Sigue el consejo del Chino Saja que le sugirió mirar pelis para distraerse.

Fuente: Clarín.

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