El primer grande


De la sospecha al mérito

Un análisis de la llegada del delantero que está rindiendo, Gustavo Bou, al principio muy criticado ahora a base de méritos y trabajo se está ganando el respeto y el puesto.

Gustavo Bou lleva 8 goles en el torneo, está 2 goles del goleador del torneo (Teo Gutierrez)

Si Gustavo Bou no se había consolidado ni mostrado como un delantero decisivo en los clubes por los que había pasado, no había mayores motivos para imaginar que lo conseguiría en Racing.

No sólo por lo relativo a sus condiciones y antecedentes futbolísticos, sino porque debía hacerlo en un contexto de desconfianza: el de haber sido incorporado gracias a que comparte representante (Cristian Bragarnik) con el técnico Diego Cocca. Fue inscripto a última hora, sobre el cierre del libro de pases, con el apuro y el sigilo de esas operaciones que se quieren ocultar. Quizá habría pasado más inadvertido si a la Academia no hubiera llegado algún otro jugador (Acevedo) que también integra el portafolios de Bragarnik. No faltó quien se indignara porque para hacerle un lugar en el plantel se dejara ir a Santamarina de Tandil al colombiano Roger Martínez, un juvenil de las inferiores. Daba para sospechar más de un favoritismo comercial/económico que en una necesidad deportiva.

Si es que llegaba a tener oportunidades, ya que no se sumó como un candidato a ser titular, Bou debía entrar en la cancha bajo miradas aprensivas, las que lo veían como un instrumento de un negocio. Con ese panorama, concentrarse en jugar y rendir lo mejor posible exigen una fuerte personalidad, convicción y serenidad. Y la trayectoria de Bou no abundaba en esos atributos. No se lo esperaba con expectativas, sino con recelo y descreimiento. Y lo anterior de su carrera tampoco invitaba al optimismo. Surgido en River, no se había estabilizado en Olimpo ni Liga Universitaria de Quito ni en Gimnasia.

En dos años pasó a préstamo por tres clubes. Bou estaba en camino a transformarse en uno de esos jugadores nómades que no dejan huella en ningún lado. Racing parecía otro destino de ese tipo. Otra estación más de su peregrinaje por el fútbol. A nadie le sorprendió que empezara de suplente de Milito y Hauche. Y hasta debió esperar detrás del colombiano Wason Rentería, a quien reemplazó para debutar en la última media hora del partido frente a Arsenal, por la cuarta fecha. El desgarro de Milito en el clásico con Independiente le dio la posibilidad de una continuidad que no solo no desaprovechó, sino que la rentabilizó para convertirse en la revelación individual del torneo. De este entrerriano de 24 años no se esperaba ni la mitad de lo que está entregando.

Se transformó en un delantero temible. Rápido, potente, definidor. Con llegada desde afuera del área. Suma ocho goles (tres dobletes, uno de ellos para ganar en la Bombonera) en 760 minutos, a un promedio de un tanto cada 95 minutos. En toda su carrera precedente acumulaba 15 tantos en casi un centenar de cotejos. Es parte sustancial de este Racing encaramado en los primeros puestos. Hoy parecen una bicoca los 400.000 dólares que Racing debería pagar en diciembre por el 50 por ciento de su pase.

¿Todo esto descalifica y deja sin argumentos a los que veían/mos poco transparente la contratación de Bou? No, más allá de lo estrictamente deportivo, es un conflicto de intereses que un representante lleve a un mismo club a un entrenador y jugadores de su cartera. No es delito ni hay reglamentación que lo prohíba, pero vulnera el código de ética que deberían respetar los dirigentes. Conviene decirlo ahora, cuando Bou es un ejemplo de la «meritocracia».

Fuente: La Nación

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