El primer grande


El sueño es la Libertadores

Milito no descansa y piensa en grande; dice que aún tiene ese cosquilleo antes de cada partido: "Cuando no lo sienta me retiro"

El Príncipe quiere seguir haciendo historia con la camiseta de Racing.

Hice lo que me dictaba el corazón y no me equivoqué. Uno vive de sueños. De ellos se alimenta y, ahora, ese sueño es hacer historia en la Copa Libertadores», medita Diego Milito . Su deseo pudo más que los incontables motivos que esgrimía su entorno familiar. «Cuando les anuncié que regresaba al país, me decían que tenía que pensarlo muy bien. Pero la decisión estaba tomada. Sentía el llamado de este nuevo desafío. No fue sencillo porque había mucho en juego y la familia me apoyó», dice.

El capitán de la Academia campeona del fútbol doméstico mide cada una de sus palabras. No se permite que salgan a borbotones y sin lógica. Nada que provenga de su retórica carece de sentido. En verdad, sentido común es lo que le sobra al delantero de 35 años que regresó a su segunda casa para terminar su carrera profesional cerca de los afectos. Y, ahora, con un título más bajo el brazo, sus palabras cobran mayor relevancia. Sobre todo, eso de regresar para devolverle a Racing todo lo que le dio. «La idea es generar un sentido de pertenencia en Racing y que este título no quede en algo aislado y nada más. Es muy importante lo que logramos. No podemos lograr lo que conseguimos ahora y el año que viene tirar todo por la borda terminando en el décimo puesto», precisa. En su visión, lo que viene para Racing debe traducirse en un salto de calidad. Verdadero y duradero en tiempo. Más acorde a un equipo europeo, en el que la palabra planificación está por encima del cortoplacismo argentino. «Pocas veces se da un título así, con un equipo que estaba en formación y en seis meses ganó el torneo», continúa.

El sueño de Milito era uno: el campeonato para todos los hinchas de la Academia, pero en especial para Leandro y Agustina, sus hijos de 7 y 4 años, respectivamente, que se cansaron, sobre todo el mayor, de mirar a papá en la computadora, a través de videos de YouTube. «Mi hijo fue el primero en saber que volvía. Heredó esta pasión. Es un fanático de Racing y vivir todo esto juntos es un premio que me dio la vida.»

Como si se tratase de una premonición, este título (el 17mo local) se lo había vaticinado al presidente Víctor Blanco antes de estampar la firma. Aquel 18 de junio pasado, frente al hotel Savoy, lugar en el que fue presentado, una manifestación de piqueteros le abría el telón como para que el hijo pródigo del club reconociera que en la Argentina algunas cosas no habían cambiado tanto desde que se marchó en el inicio de 2004. Ahora, su sueño es mucho más grande y, como en una partida de TEG, el Príncipe quiere conquistar el continente sudamericano antes de colgar definitivamente los botines. La confianza le sobra. La mesura, también.

Un semestre le alcanzó para echar por tierra todo ese océano de dudas que despertó cuando decidió regresar de Italia. «Por suerte, no me costó la adaptación al país. En esto, la familia tuvo mucho que ver porque me facilitaron todo para que pueda meterme en el mundo Racing porque ha sido un semestre muy intenso. Detrás de uno hay una familia que te apoya en las buenas, pero también es la que está en los momentos más difíciles. Sin la familia todo sería mucho más difícil», explica.
-A los 35 años y con 8 títulos en toda tu carrera, ¿se juega todavía con presión?

-No sé si usar la palabra presión. Diría adrenalina de jugar y de querer ganar siempre. Cuando no sentís ese cosquilleo interno, creo que tenés que dejar de jugar. Y hoy todavía siento ese cosquilleo como cuando empecé a jugar. Es raro porque, por un lado, te motiva para disfrutar cada minuto, cada partido, y cuando dejás la actividad, calculo, se lo extraña. Lo he hablado con jugadores que han dejado y me dicen que disfrute esa adrenalina tan linda porque cuando dejás te cambia mucho la vida.

-Suele decirse que la gente de Racing es muy agradecida, pero este título no los exime de exigencias para el semestre que viene. ¿Cómo se hace para que los hinchas pongan los pies sobre la tierra respecto de la Libertadores?

-Sabemos que no es una empresa sencilla, pero tampoco es imposible. La Copa será un torneo muy especial. Si hacemos las cosas bien y trabajamos como hicimos en este semestre podemos hacer un buen torneo. Me quedó la bronca en la Copa (de 2003) porque jugamos un gran torneo y nos quedamos fuera de la final por los penales. Ojalá podamos hacer historia en la Copa. De sueños se vive y, ahora, ése es nuestro sueño. Por eso trataremos de empezar 2015 con la confianza que da el título, pero con los pies sobre la tierra.

Se nota que aún le duele la eliminación de 2003. Ese 13 de mayo, el Cilindro explotaba. No tanto como ante Godoy Cruz, pero explotaba al fin. En la ida, en el estadio Pascual Guerrero, por los octavos de final, la Academia empató con América de Cali 1-1 y el tanto lo marcó Milito. Pero se quedó afuera por penales. «Fue una gran desilusión para todos. Los habíamos superado y quedamos afuera de manera injusta», recuerda.

-¿Sos consciente de que este título engrandece tu decisión de regresar y da la sensación de que puede allanar el camino para que otros ex jugadores de Racing vuelvan?

-Ojalá. No quiero ponerme en ejemplo de nada. En mi caso, la decisión la tomé con el corazón. La idea de volver la tuve siempre, el que me conoce sabe que hacía tiempo lo venía meditando y así lo hice. Pero jamás exigiría a nadie que regrese si no lo piensa ni desea.

-En junio pasado reconociste que hiciste de nexo para conversar con Walter Samuel y Maxi Moralez, ¿volverías a hacer lo mismo?

-Si me lo pide el presidente lo haría. Acá, en Racing cada uno tiene una función clara y no me corresponde hablar con potenciales jugadores. Hay que entender que ésa no es mi función.

-¿Te imaginás tirando una pared con Maxi Moralez o cediéndole una asistencia a Lisandro López?

-Sería maravilloso porque se sumarían a un grupo que se armó con el protagonismo de todos, sabiendo que lo grupal está por encima de lo individual. Siempre he dicho que los jugadores que han nacido en este club tienen que volver. El sentido de pertenencia es fundamental. Lo considero prioritario en la vida. Si Maxi y Licha creen que es el momento, sería buenísimo para todos, para el club porque conocen y saben lo que significa Racing. Acá no se trata de presionar a nadie. Es importante entender que hay contratos y algo mucho más importante que son las familias.

-¿Hasta cuándo habrá un Milito jugador? ¿Pensaste en el día después?

-Obviamente, los años pasan para todos y el tiempo se acorta. El título no extiende ni achica mi continuidad. Soy consciente de que el retiro es un tema que, en breve, me tocará enfrentar. Tengo 35 años y uno no es eterno. Me veo ligado al fútbol, pero aún no imagino desde qué lugar. Es algo que este año debo meditar bastante porque ganar títulos o haber jugado en la selección no te pone por encima de nadie ni te da crédito extra para ser un gran manager o entrenador. La preparación será clave, como en todos los aspectos de la vida. Hacer por hacer no me gusta.

-¿Cómo analizás la realidad del fútbol argentino, al margen del título de Racing? ¿Con qué fútbol te encontraste?

-Con un fútbol muy competitivo y parejo a la vez, donde nadie regala absolutamente nada. La paridad es tan grande que los pequeños detalles hacen la diferencia.

Fuente: www.canchallena.com.ar

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